Queridos amigos y amigas,
He
recibido de mi querido esposo, ese “gran
dirigente de organización terrorista”,
su primera carta desde su encarcelamiento.
La comparto con vosotros…
Sabed que
Bahar es considerado “muy peligroso” por
la dirección de la prisión
de Gante. Por este hecho no tiene derecho
a acceder a la biblioteca ni a las actividades
como el deporte o las películas en
sala con los otros presos. No puede salir
de su celda 23 de 24 horas. Nuestras visitas
se hacen siempre a través de un cristal…
Bahar
me ha sido arrebatado porque se atrevió a
expresarse. Está preso por sus convicciones,
en nombre de las leyes “antiterroristas”.
Más allá del sufrimiento de
una esposa, son la democracia, la libertad
de expresión las que están
amenazadas.
Por eso me permito hacer un llamamiento
a que os unáis en nuestra lucha: el
Clea organiza una serie de actividades a
las que podéis uniros para sostener
la campaña “¡Libertad
para Bahar!”
Atentamente,
Deniz Demirkapi
tel : 0486 846 170
e-mail : deniz-demirkapi@hotmail.com
www.leclea.be
«
Prisión
de Gante, 8 de noviembre de 2006, sobre las
22 horas
Más de 20 horas acaban
de pasar en tu ausencia. Y al menos 20 meses
pasarán antes de que pueda volver
a tocarte, a acariciarte el pelo y a abrazarte.
Quizás 40 o 60.
Este castigo es una
crueldad pura, una barbarie gratuita, terrorismo
de Estado. Una vez más, hemos sido
testigos y víctimas de una justicia
de clase, inicua, burguesa y colonial. Una
justicia del más fuerte. Pero sobre
todo una justicia de vencidos. Están
aterrorizados ante la perspectiva de la cólera
de los pueblos y la contestación social
crecientes.
Entonces, en un arrebato de desesperación,
arrastrados por sus instintos, se ceban con
nosotros… Conmigo, porque hace seis
años dije, ante la prensa, en el ejercicio
de mi libertad de expresión, “nosotros” para
referirme al DHKP-C. Ese “nosotros” empático
fue interpretado abusivamente por el fiscal
Delmulle y sus comparsas, los jueces Logghe,
Denys y Libert, como la prueba de mi pertenencia
al DHKP-C e incluso de mi papel de “dirigente” en
el movimiento. Sin embargo, están
al corriente de que en el momento en que
yo pronuncié ese fatídico “nosotros”,
el ejército turco se dedicaba a asesinar
a los presos en nombre de una mallamada
operación de “vuelta a la vida”.
Aquél día, un día triste
de diciembre que vio morir a 28 presos, yo
habría podido reivindicar cualquier
acto de violencia revolucionaria contra el
Estado turco. Ese “nosotros” emocional
y empático, ha sido considerado por
los jueces como un “nosotros” real,
físico y efectivo. Ese minúsculo “nosotros” ha
hecho de mí un dirigente de una organización
político-militar clandestina con 36
años de actividad, aunque cualquier
simpatizante del DHKP-C a quien le hubieran
tendido el micrófono habría
dicho lo mismo. En Turquía, no es
en absoluto extraño que miles de manifestantes
griten al unísono su apoyo a la lucha
armada y a la guerrilla del DHKP-C.
Yo, que
siempre he luchado pública y pacíficamente
por la democratización en Turquía,
en colaboración con personalidades
políticas, instituciones gubernamentales
y ONG’s, ¿cómo podría
ser un dirigente del DHKP-C? Estoy seguro
de que los primeros en sorprenderse de esta
primicia serían los verdaderos dirigentes
que actúan muy probablemente en la
más
estricta clandestinidad en algún lugar
de las ciudades y montañas de Turquía.
Así, los magistrados han travestido
la verdad de manera grosera y mezquina. ¿Lo
han hecho por pura ignorancia? Seguro que
no. Lo han hecho por la necesidad de justificar
la aplicación de las nuevas leyes
antiterroristas, en previsión de próximos
conflictos sociales.
No nos cansaremos de
repetirlo: este proceso político intentado
contra nosotros cuadra perfectamente en la
estrategia de guerra preventiva del imperialismo
norteamericano.
Víctor Hugo escribió una
vez: “Raspad sobre el juez y encontraréis
al verdugo”. En el caso de nuestros
jueces, no hacía falta escarbar; tienen
el odio a flor de piel. Ese viejo odio antisocial
que caracteriza a los regímenes más
arbitrarios, más oscurantistas, más
inhumanos. Pero, como decían nuestros
ancestros: “Si los perros ladran,
es porque la caravana avanza”. En efecto,
por mucho que se pongan nerviosos y muerdan
como perros rabiosos, nuestro combate por
la justicia, la fraternidad y la dignidad
continúa.
Con o sin mí y a
su pesar, nuestras esperanzas avanzan al
galope en el camino de la victoria, pasando
por encima de su cola en Bint Jbeyl, en Oaxaca,
en Gaza, en Ramadi y en Estambul...
Eso es
lo que nos hace felices. Una felicidad que
pagamos muy cara, mi pequeña flor,
pero este mundo injusto no nos deja otra
elección. Cada día, mujeres
y hombres mueren por defender sus ideas.
Comparado con el suyo, nuestro sacrificio
es insignificante. Insignificante pero indispensable.
Y ahí me refiero a todos
los amigos y camaradas que han contribuido
a la campaña
por las libertades de expresión y
asociación en Bélgica. Dales
un beso a todas y todos de mi parte.
Dales
un beso también a nuestras madres,
nuestros abuelos y a toda la familia. Estoy
orgulloso de ti, mi ángel guardián.
Te beso los labios secos y los
ojos húmedos
con ternura, pasión y amargura.
Bahar
»
Note : Bahar
raconte qu’après
son arrestation au Palais de Justice, il
a été mis à nu,
affublé d’un gilet pare-balles
et menotté. Puis on lui a fait porter
un cache-yeux. Après l’avoir
installé dans un véhicule de
police, il a été attaché au
siège et enchaîné par
les pieds. Durant le trajet les policiers
ont fait passer une musique trash assourdissante
en langue allemande. Ainsi, pendant plusieurs
minutes, on lui a fait subir exactement le
même traitement que celui qui est décrit
dans le film “The
Road to Guantanamo”.
C’est seulement vers minuit que Bahar
est arrivé à la prison de Gand.
Mais il ne sera pas au bout de ses peines
pour autant : sous prétexte de “manque
de cellule”, on le mettra au cachot
de la prison. Là, il va passer douze
heures infernales. Il raconte que l’odeur
d’urine et d’excréments était
insoutenable. Les matières fécales
s’étaient accumulées
dans une cuvette très profonde et
il n’y avait pas de chasse d’eau à l’intérieur
du cachot. Le matelas en mousse était
dans état indescriptible : troué,
décomposé, puant et complètement
recouvert de cheveux et de poils humains
incrustés dans la mousse. La couverture
puait la mort. Les mouches en provenance
de la cuve des toilettes ont tournoyé au
dessus de sa tête pendant toute la
nuit. Avant de le laisser à son sort,
les gardiens l’ont, de force, une nouvelle
fois mis à nu et à genoux. À la
place de ses vêtements, il a dû porter
une chemise à manches courtes bleue-ciel
et un pantalon en toile de couleur bleue
marine dont les boutons manquaient, de sorte
que, chaque fois qu’il se levait, il
devait tenir son pantalon pour pouvoir marcher.
Bahar raconte ne jamais s’être
senti aussi sale que lorsque il a dû s’installer
sur ce matelas sans drap ni housse qui ressemblait à un
gruyère, noirci et moisi. L’air étant
irrespirable, il glissa sa tête dans
sa chemise, malgré la difficulté à respirer à travers
ses mailles. Cruelle ironie : le lendemain,
vers 10h., une équipe médicale
vint lui poser des questions sur sa santé.
Bahar a répondu qu’il allait
bien jusqu’au moment où on l’avait
enfermé dans ce cachot où les
conditions sont inhumaines. Vers 12h., il
a pu enfin gagner une cellule un peu plus
décente mais «de
qualité dix
fois inférieure à celle de
la prison de Dordrecht...» aux
Pays-Bas. C’est là qu’il
subit à l'heure actuelle un régime
d’isolement de 22 heures sur 24 (21
sur 24, si visite).